La Fundación Rehabitar Tierra de Campos celebró ayer una jornada muy especial en Cuenca de Campos con motivo del eclipse total de Sol, una cita que reunió a más de un centenar de personas y que permitió combinar divulgación, patrimonio y territorio en uno de los lugares más simbólicos del municipio: el antiguo convento de San Bernardino.
La tarde comenzó en la Casa de Cultura, con una conferencia introductoria sobre el eclipse y sobre las circunstancias excepcionales que permitían observarlo desde Tierra de Campos. Posteriormente, las personas asistentes se desplazaron a pie hasta el convento de San Bernardino, donde se realizó una explicación sobre la historia del conjunto, su estado actual y el trabajo que la Fundación viene desarrollando para impulsar su recuperación.
El eclipse convirtió durante unos minutos el convento en un escenario difícil de olvidar. El sol bañaba los adobes, las vigas caídas y los restos de una arquitectura que todavía espera ser salvada. La luz que se filtraba entre las tejas dibujaba pequeñas medias lunas sobre los frescos barrocos deteriorados por el paso del tiempo. Poco a poco la temperatura y la luz fueron descendiendo hasta que, de repente, se hizo de noche.
Las palomas buscaron refugio y durante un minuto y treinta segundos el Sol desapareció por completo. La sombra ocultó por un instante las heridas del edificio y todo pareció diferente. Fue un minuto y medio de silencio, de emoción y, también, un minuto y medio de gloria para Tierra de Campos.
La jornada transcurrió con total normalidad y el programa pudo desarrollarse según lo previsto, en un ambiente extraordinario y con una respuesta de público que superó ampliamente las expectativas de la Fundación.
Desde la Fundación Rehabitar Tierra de Campos queremos agradecer especialmente a Marco Antonio Garcés su implicación y el trabajo realizado para liderar y coordinar esta iniciativa; a Álex Garcés, por su colaboración fundamental en el desarrollo de la jornada; y al Ayuntamiento de Cuenca de Campos, por su apoyo y por ofrecer el vino con el que pudimos compartir y celebrar juntos el final de una tarde irrepetible. Nuestro agradecimiento se extiende también a todas las personas que colaboraron en la organización y, especialmente, a quienes decidieron acompañarnos.
Más allá del eclipse, la jornada permitió acercar a muchas personas a la realidad del convento de San Bernardino y transmitir una idea fundamental para la Fundación: su recuperación es posible.
Hoy las vigas siguen caídas, los adobes continúan necesitando cuidados y todavía queda mucho trabajo por delante. Pero durante una tarde más de cien personas miraron hacia este lugar y pudieron comprobar que detrás de sus ruinas existen proyectos, ideas y voluntad de futuro.
El eclipse pasó. Nuestro trabajo continúa.